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Por qué nuestra piel es cada vez más sensible y qué necesita

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La piel sensible es una condición con la que millones de personas lidian a diario. Se trata de una característica más de nuestra piel y afecta tanto a hombres como a mujeres. En muchas ocasiones, hasta un 66% de ellas, la piel sensible puede ser producto de otra serie de problemas cutáneos subyacentes que no siempre son percibidos ni reciben tratamiento.

En los últimos años, los casos de piel sensible se han multiplicado exponencialmente debido a varios factores. En muchos casos, el uso continuado de cosméticos agresivos o inadecuados para nuestro tipo de piel pueden provocar que ésta termine desarrollando una sensibilidad que antes no tenía. Por ello, es fundamental que sepamos qué productos son los que más se adecuan a nuestro tipo de piel y evitar aquellos que utilizan ingredientes que pueden dañarlo.

Por otro lado, los factores medioambientales también influyen en el proceso de sensibilización de nuestra piel. En las ciudades cada vez hay más contaminación y ésta afecta directamente a nuestra epidermis. De igual modo, los cambios de temperatura, el viento o el sol pueden provocarnos una sensibilidad indeseada si nos exponemos a ellos sin precaución.

Avène

La piel sensible requiere unos cuidados especiales, en función de sus características. Puede ser una piel deshidratada, seca o muy seca, mixta o grasa, o sensible al entorno. Cada casuística tendrá un tratamiento y un cuidado específico que nos ayudará a controlar los problemas aparejados como la tirantez, las rojeces o incluso las alergias.

Para ello, algunas prácticas son básicas e imprescindibles. Debemos utilizar los productos más neutros posible, huyendo de aquellos que contienen elementos irritantes o descamantes. Es muy importante que busquemos cuidados que estén recomendados para pieles sensibles, y si lo que nos da problemas es algo tan cotidiano como el agua del grifo, lo ideal será buscar productos suaves que no requieran aclarado. Y para rematar nuestra rutina diaria, nada más refrescante ni calmante como una pequeña pulverización de Agua Termal de Avène para que nuestra piel descanse como nueva.

De este modo, lo que vamos a conseguir es que nuestra piel no sólo esté cuidada, sino que también esté bella. La dermocosmética precisamente se encarga de conseguir estos dos fines: tener una piel sana tratada con productos adecuados a sus necesidades, y lograr así una belleza que va más allá de la superficie y que enraíza sus resultados en la buena salud de nuestra piel.

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